Sofia Tolstaia, "¿De quién es la culpa?"
Según nos relata la autora del prólogo del libro, Selva Almada, la escasez de su obra se debe a que ella quemó parte de sus escritos previo a su matrimonio y todo lo que escribió con posterioridad se ocultó por mucho tiempo debido al contenido de sus historias, al igual que su imagen fue injustamente ubicada en la historia de su marido. Sofia siempre vivió a la sombra de lo que fue y ha sido su esposo, el destacado escritor León Tolstói. Aunque no es una vivencia extraña para la esposa de una figura masculina relevante. Ejemplos sobran y Sofia es uno de esos casos destacados.
Sofia fue copiadora y editora de los escritos de León Tolstoi durante toda la carrera de su marido, siendo señalada como una influencia directa en la construcción de personajes femeninos en sus obras y su narrativa. Lo cual no es menor cuando hablamos del autor de "Ana Karenina".
Menciono todo esto porque la relación entre ambos escritores influye directamente en "¿De quién es la culpa?", objeto de la presente entrada, ya que fue un texto escrito posteriormente a "La Sonata de Kreutzer" en donde el autor expresa su opinión respecto de las relaciones románticas, la abstinencia y los celos, además de estar muy inspirada en la relación de León y Sofia. Aunque mi interés principal es hablar de la misma de forma más específica, como texto literario más que un dato de color dentro de una historia de una relación compleja, pero conocer estos antecedentes nos permite entender lo que buscaba plantear la autora.
Breve reseña
La historia comienza con nuestra soñadora protagonista, Anna, quien tiene dieciocho años recién cumplidos y su vida se resume en paseos por el campo con su madre y hermana; la lectura; la filosofía y la escritura. Es apasionada por la poesía, la cual puede disfrutar en plenitud debido a que su posición le permite enforcarse en sus estudios. Básicamente es una dama acaudalada de la época, cuya posición le permite soñar con el amor.
En una ocasión, recibe de visita en su hogar al príncipe Prózorski (el nombre lo tuve que buscar en Google, soorryy) de treinta y cinco años de edad, quien queda totalmente embelesado por la joven Anna. El príncipe se ha trasladado al área rural para enforcarse en su escritura, encontrando en Anna a una gran interlocutora de sus ideas. Se interesa rápidamente en ella por su delicada belleza y queda cada vez más enganchado cuando comparten breves conversaciones donde cada uno comparten sus intereses en común. Nuestra soñadora protagonista comparte sus ideas del amor y lo que espera de su futuro matrimonio, siendo demasiado idealista para su hermana. El príncipe la encuentra adorable y un buen partido.
El enamoramiento entre ambos crece muy rápido y en pocos capítulos llega el momento en que Prózorski decide pedirle matrimonio a Anna, con el fin de disfrutar exclusivamente de los talentos, jovialidad y belleza de la protagonista en su hogar. Ella acepta feliz, creyéndose enamorada del hombre que la conquistó en cuerpo y alma con su inesperada atención. Lo cual sólo dura hasta después de que ambos dicen el sí en la iglesia.
La vida marital es mucho más complicada de lo que ambos creían. El príncipe tenía expectativas muy altas de lo que ella podría hacer en la habitación, deseando acariciar y disfrutar del cuerpo jovial que tanto lo había encantado desde el momento que la vio. Pero en el momento, sólo encontró a una niña asustada y pérdida de lo que significa consumar el matrimonio. Esto es un punto focal dentro de la historia porque cambia totalmente la perspectiva uno del otro. Ambos descubren que no tienen la misma forma de ver la vida en pareja, lo cual los marca para todo su matrimonio.
Después de la decepción de su primera noche juntos, Anna descubre la real personalidad de su marido. Él no es atento. Es seductor, egoísta e infantil, al igual que tiene fama de galán entre las mujeres del pueblo despertando los celos de Anna que busca hacer todo lo posible para no perder a su marido. Aun así, su posición dentro de la relación se debilita y es relegada a ser el motor de la vida hogareña cumpliendo con su labor de parir críos como se indicaba en la época, dedicándose de forma casi exclusiva a su crianza.
La relación con el príncipe se da sólo cuando se trata de hablar de la crianza de los niños (si es que el hombre le daba cinco minutos de atención) y no es muy acogedora, lo que frustra a ambas partes. El príncipe está totalmente aburrido de la actitud frígida de su esposa y la vida rural a la cual se encuentra relegado, así que viaja a Moscú varias veces al año a disfrutar de los beneficios de la vida de ciudad dejando olvidada a su esposa y sus hijos.
En una de sus muchas ausencias, llega de visita un amigo del príncipe, Dimitri Bejmétev, quien es recibido cálidamente por la familia a pesar de ser un total desconocido para Anna. Ambos sienten una conexión instantánea complementada por las cosas en común que comparten, en especial al poesía. El viejo amigo de Prózorski comparte tardes enteras jugando con sus hijos, colaborando en su aprendizaje y leyendo con Anna algunos de sus poemas favoritos. Sus personalidades encajan inesperadamente para los dos, teniendo como resultado un enamoramiento por parte de Dimitri.
El desinteresado esposo de nuestra protagonista tarda en darse cuenta de la silenciosa química de su viejo amigo y Anna, pero no tarda en notar los cambios de su esposa desde su llegada. Los celos nacen desde las viseras de Prózorski al ver como su esposa vuelve a tener aquel encanto natural de aquella joven de dieciocho años que lo encandiló en su momento, pero que no tuvieron como motivo su persona.
Los celos lo convierten en una bestia sin control, lo que lleva al desenlace trágico de Anna al final de la historia. Un feminicidio brutal y sin sentido.
Sólo comentarios...
No hay mucho que pueda apuntar como un lado positivo o negativo de esta historia porque todo me pareció positivo. Es una historia bastante fresca, en especial para la época en la que fue escrita, puesto que se expone de forma realista la violencia a la cual es sometida una mujer dentro de su propio matrimonio, sin poder escapar de él, y desde un punto de vista totalmente femenino. La violencia en todas sus expresiones, por parte de un hombre negligente sobre su propia vida y totalmente vicioso. La autora ni siquiera intenta que empaticemos con las emociones del perpetrador del crimen.
La narración está enfocada en entender a Anna como una joven que no tiene la culpa de su destino. Nos muestra desde su idealismo sobre el amor que desarrolla gracias a un hogar acogedor y principalmente femenino representado por su madre y hermana, hasta la decepción apática que adopta por su matrimonio fallido con el príncipe. Como la vida de cualquier mujer de la época, toda su vida se decide en el momento que acepta una propuesta matrimonial por parte de un hombre y ella se dio cuenta de inmediato -pero muy tarde- que el hombre escogido no era el correcto.
El yugo matrimonial la afecta hasta quitarle todo lo que había considerado como propio, jugando con su autoestima en todo momento cuando siempre ha sido superior a su marido. Más exquisita, culta, soberbia. Esos adjetivos son lo que más se destaca de Anna en la construcción de su personaje aunque sin llegar a exagerar. No es perfecta, sólo que ella siempre tuvo más valores y aptitudes en comparación al príncipe, quien es sólo un hombre de la alta sociedad con mucho tiempo para desarrollar diversas aficiones sin realmente tener un talento para alguno de ellos. Un punto importante que hace Sofia Tolstaia es precisamente que el príncipe hace cosas porque puede hacerlas gracias a su privilegio masculino, sin tener real talento para ello; mientras que Anna busca aportar un valor a sus pasatiempos porque le apasionan y las realiza dentro de las posibilidades que le permite la sociedad por su rol como esposa.
Otro punto relevante dentro de la historia, es el descubrimiento de este casanova disfrazado de caballero que despierta lo peor de Anna al principio de su matrimonio, por la humillación rabiosa que siente ante los comentarios de las criadas de su nuevo hogar. De ello nacen unos celos cuya consecuencia es buscar siempre tener al hombre a su lado, para evitar su abandono o que nazca alguna aventura que pueda avergonzarla ante la sociedad. Esto provoca que ella se vaya marchitando a medida que avanza el matrimonio, a pesar de sus esfuerzos de dar lo mejor de sí dentro de éste y después como madre de sus hijos. Le ha dado todo lo que puede a un hombre quien no valora ni la mitad de sus esfuerzos porque él sólo quiere una cosa: la juventud que rebozaba a los dieciocho años. Pero Anna ya no los tiene ni los volverá a tener.
Todo es ira hasta que conoce al artista y viejo amigo del príncipe, Dimitri Bejmétev, quien le entrega la atención que merecía Anna y de forma muy sutil le entrega parte de su amor. En sí no creo que Anna haya llegado a enamorarse de él. Ella estaba tan privada de afecto que aquellos momentos de intimidad con el artista fueron simplemente una forma de volver a sentir cariño consigo misma.
Todo lo anterior nos lleva a que el desenlace de esta historia sea muy injusto. Un crimen macabro que no busca ser resulto y sólo se tacha como el impulso de un hombre desesperado por el amor que siente por su esposa, creyéndose engañado por ella. El mal llamado crimen pasional, aunque de pasión o amor no tenga nada.
La mitad del texto es bastante iracundo. O esa es la sensación que me ha dado debido a que la autora profundiza bastante en la actitud negligente del príncipe y la soledad que siente nuestra protagonista a causa de esto. Todo es ira en la narración cuando vamos indagando en lo desgraciada que llega a ser su vida aun cuando cumple con todo lo que se espera de ella como mujer (de aquella época) y va más allá de ello, ante lo cual empatizas completamente. Durante mi lectura sentí una genuina rabia por las evidentes diferencias entre cómo se juzga la actitud del hombre (el matcho, siempre el macho) en comparación a la mujer. No importaba cuan perfecta era Anna, siempre sería duramente juzgada por Prózorski por no cumplir con esas expectativas no expresadas que tenía él sobre ella.
La escritura de Sofia es exquisita. No es sumamente descriptiva con los hechos de la historia sino que su enfoque está en el desarrollo interno de los personajes que nos permite entender a ambos en su completitud gracias a su narración de mundo interno y con mucho diálogo. Se nos relata un drama muy humano con honestidad y, lo más importante, mucha mirada femenina.
Lo que me pareció más interesante de esta historia es que se construye gracias a la comunicación entre los personajes con una reflexión entorno a esta constante crisis matrimonial; pero el conflicto se va construyendo por la falta de comunicación entre Anna y Prózorski. Los diálogos nos permiten conocer a los personajes a la par que su falta de interacción es un factor determinante en el punto de quiebre del texto.
Esta entrada quedó como el pico por mi falta de talento. Pero lean el libro.
Saludines.

Comentarios
Publicar un comentario